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30 mayo 2017

El sorteo por apellidos: la gran injusticia de la administración

En estos días en los que muchas de nuestras ciudades sacan a la calle sus ferias del libro y sacamos de paseo al «cultureta» que llevamos dentro, no estaría de mal hacer un llamamiento a la lectura de divulgación científica. Es evidente que en pleno siglo XXI, inmersos como vivimos en un mundo científico tecnológico y con la avalancha de información que recibimos por diferentes vías, sería deseable que nuestra cultura científica estuviese a la altura de las circunstancias, o, al menos, lo intentáramos. También en estos días, cada vez más medios se hacen eco y advierten sobre las falsas terapias médicas que estafadores como Josep Pàmies, Enric Corbera u Odile Fernández presentan como alternativas a la medicina, aprovechando la incultura científica y la desesperación de enfermos y familiares, sin que las administraciones actúen combatiendo este tipo de amenazas y las legisle (las prohíba) como el consumo de tabaco o alcohol para menores, por ejemplo. Clara Grima, profesora de la Universidad de Sevilla y presidenta de la comisión de divulgación de la RSMEDentro de la incultura científica de la sociedad posiblemente sea el anumerismo el síntoma más fácil de encontrar y uno de los más llamativos. El término anumerismo fue acuñado Douglas Hofstadter aunque, realmente, fue el matemático John Allen Paulos quien lo hizo popular, en 1989, al publicar su libro «El hombre anumérico». El término anumerismo se refiere a la incapacidad de una persona para gestionar y responder a las cuestiones matemáticas de su vida cotidiana; en pocas palabras, llamamos anumerismo a la incultura matemática básica. Si bien la falta de cultura literaria, histórica, política ¡o deportiva! suele ser vista con estupor y no suelen faltar quienes se mofen vehementemente de alguien que confunda a Cervantes con Calderón de la Barca, a la reina Isabel II con Isabel la Católica o un fuera de juego con un saque de esquina, la falta de conocimientos matemáticos básicos no solo no causa estupor sino que, en ocasiones, es vista como signo de distinción. Tampoco es difícil encontrar a alguien que se jacte de no saber calcular un porcentaje enarbolando la manida y anticuada bandera con la insignia: “yo es que soy de letras”. Y yo soy matemática y sé leer y hasta escribir, fíjate. El pasado 24 de mayo, Francisco Marcellán, presidente de la Real Sociedad Matemática Española, comparecía en el Congreso de los Diputados, ante la Comisión para el Pacto Educativo para ofrecer las propuestas de la sociedad sobre la enseñanza y el aprendizaje de las matemáticas. Aunque la intervención del Dr. Marcellán fue muy extensa y, créanme, muy discutida, trabajada y analizada por la Comisión de Educación de la citada sociedad (se puede leer íntegra aquí), déjenme que resalte esta frase: la matemáticasson una materia central en todos los sistemaseducativos del mundo por su carácter formativo e instrumental y por sus crecientes aplicaciones a cada vez más ámbitos del conocimiento y del desarrollo de unpaís. Pero parece que, lamentablemente, no nos enteramos. El anumerismo sigue campando a sus anchas en nuestro país como vemos cada año en las colas para comprar la lotería en administraciones mágicas, como leemos en muchos titulares de prensa, cuando compramos pensando que un producto sin IVA tiene una rebaja del 21%, etc, etc... Pero, sin duda, lo más grave de este asunto ocurre cuando es la propia administración la que, haciendo gala de su anumerismo, establece sorteos injustos a la hora de repartir bienes u opciones entre ciudadanos con los mismos derechos. Sí, estamos hablando de los sorteos por la letra (o las letras) del apellido. No sé si alguna vez han sido víctimas de este tipo de sorteos, en cualquier caso les explico que este consiste en sacar una letra de las 27 del alfabeto y empezar a contar, en la lista de aspirantes, desde el primer apellido posterior (o anterior en otros casos) a la citada letra hasta completar el número de agraciado. Alguien que sepa contar con los dedos llegaría, sin mucha dificultad, a la conclusión de que este tipo de sorteos es absolutamente injusto, puesto que hay algunos apellidos que juegan con más papeletas que otros. Y da lo mismo que saquen una letra, dos o tres. Pues bien, en el Boletín Oficial de Castilla y León del miércoles 22 de marzo de 2017, número 56, en la página 10400, en una disposición de, ¡ojo!, la Consejería de Educación, en la que se hace público el resultado del sorteo para dirimir los empates en el proceso de admisión del alumnado en centros docentes de la Comunidad de Castilla y León durante el año académico 2017-2018, no se lo van a creer, pero sí, bingo, el sorteo se ha hecho con este método de letras de apellidos. Cito textualmente: “siendo «_P_» la letra que determina la primera letra del primer apellido, «_S_» la letra que determina la segunda letra del primer apellido, «_U_» la letra que determina la primera letra del segundo apellido y «_U_» la letra que determina la segunda letra del segundo apellido.” Toma ya. Da igual que sorteen dos o tres letras del primero, la primera o la última del segundo, la primera y la última de tu abuelo materno más la segunda y penúltima de tu abuela paterna, cualquier sorteo basado en letras de apellido está mal hecho, es injusto, no es equiprobable. ¿Es que en toda la Dirección General de Política Educativa Escolar de Junta de Castilla y León no hay nadie que sepa unos mínimos de probabilidad? Son estos los responsables de la enseñanza de las matemáticas en esta comunidad. Piensen, por ejemplo, en alguien que se apellide Abad. En un sorteo por la primera letra del apellido juega con la A, por supuesto, debe ser de los primeros apellidos que empiezan con A, pero también con las últimas letras de nuestro abecedario: W, X, Y y Z, simplemente porque hay muy pocos apellidos en nuestro país que empiecen con W o X. La distribución de las letras de los apellidos no es uniforme, por favor. Si usted se apellida, por ejemplo, Grima, como yo, en el caso de que en el sorteo salga la G, la mejor para su caso, irá detrás de todos los García, Gómez, González… Los que nos dedicamos a la divulgación de las matemáticas, además de explicar lo de la lotería y las administraciones mágicas cuando llega la navidad, denunciamos este tipo de sorteos, sobre todo si los hacen la administración pública, pero vemos que, en ambos casos, seguimos predicando en el desierto. Ahí vamos otra vez, a ver si conseguimos algo. Vamos a poner un ejemplo simple, para ello he elegido una lista pública real de nombres, mis compañeros de departamento en mi centro de trabajo. Vamos a suponer que todos estamos empatados en algún procedimiento, que hay que elegir a 4 de nosotros por sorteo y que usamos (para simplificar) el sorteo de la primera letra del primer apellido. En la siguiente tabla se muestran las probabilidades de cada uno de nosotros: ¿Cómo se calculan estas probabilidades? Si Tenemos 27 letras en el abecedario (A, B, C, D, E, F, G ,H ,I, J , K, L, M, N, Ñ, O, P, Q, R, S, T, U, V, W, X, Y, Z), la probabilidad de cada candidato será igual al número de bolas que le harían ganar dividido entre 27 (lo hemos multiplicado por 100 para darlo en porcentajes). Así, Álvarez Solano, saldría con la bola de la S (puesto que solo Silva, Ucha y Valeiras estarían delante de su nombre si sale la S y hay 4 plazas) y con las bolas T, U, V, W, X, Y, Z y A. En total, 9 bolas, que le conceden unas probabilidades de éxito del 33,33%. Mientras que otros, como yo, tenemos 0 posibilidades de ganar, porque incluso saliendo la bola de la G, no llega a nosotros ninguno de los 4 premios. ¿Les parece justo? Este ejemplo está hecho para la primera letra del primer apellido pero, por muchas letras que se saquen, repito, ningún sorteo hecho usando este hecho no distribuido de forma uniforme es justo y, por lo tanto, recurrible. Como dijo Francisco Marcellán en el Congreso, tenemos que ponernos a trabajar duro por la educación en Matemáticas. Empezando por algunas consejerías de Educación. Ay. El ABCDARIO DE LAS MATEMÁTICAS es una sección que surge de la colaboración con la Comisión de Divulgación de la Real Sociedad Matemática Española (RSME).

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