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31 mayo 2017

La NASA lanzará una misión para «tocar el Sol»

¿Por qué la corona está mucho más caliente que la superficie del Sol? ¿Qué es lo que impulsa al viento solar? Y sobre todo, ¿por qué a veces el Sol eyecta violentamente al espacio parte de su masa y la lanza en forma de radiación ardiente contra los planetas de nuestro sistema, arrancando atmósferas y colapsando nuestros sistemas eléctricos y de comunicaciones? Los científicos llevan ya varias décadas tratando de responder a estas preguntas. Y todos parecen estar de acuerdo en que solo podremos hacerlo si nos acercamos lo suficiente a nuestra estrella particular. Gracias al Sol existe vida en la Tierra, y cualquier pequeña variación en su actividad puede afectarnos profundamente. Por eso es tan importante conocerlo lo mejor posible. Hasta que no logremos explicar lo que sucede en y cerca del Sol, no seremos capaces de predecir con exactitud cuáles de sus efectos son capaces de provocar catástrofes en la Tierra. De vez en cuando, como sabemos muy bien, el Sol emite de forma explosiva oleadas de partículas que, cuando llegan a nuestro planeta, pueden causar estragos en las redes eléctricas, los sistemas de navegación de los aviones y los satélites de telecomunicaciones. Estas enormes explosiones, decenas de veces mayores que la Tierra, se conocen como Eyecciones de Masa Coronal (CME por sus siglas en inglés) y liberan al espacio densas nubes de partículas cargadas eléctricamente y que son capaces, incluso, de arrancar literalmente parte de las atmósferas de los planetas que encuentran por el camino. Además, claro está, de alcanzar naves espaciales y astronautas y «bañarlos» en una radiación altamente dañina. Lo malo es que, hoy por hoy, esos eventos suelen pillarnos por sorpresa, ya que no es posible predecir cuándo sucederán exactamente, ni con qué intensidad nos golpearán. De hecho, sólo los vemos después de haberse producido, lo que nos deja un tiempo de reacción mínimo, de apenas unas horas, para tomar las debidas precauciones. Por eso, comprender por qué el Sol emite ocasionalmente esas mortíferas oleadas de partículas podría ayudar a los científicos a predecir el «tiempo espacial». Y saber con antelación cuándo esas partículas solares golpearán la Tierra sería de gran ayuda para, por ejemplo, desconectar las centrales eléctricas o poner en marcha los protocolos de emergencia entre la población. Misión para tocar el Sol Para despejar todas estas dudas, la NASA anunció a principios de Abril que en verano de 2018 lanzará la primera nave de la historia capaz de «tocar el Sol». O dicho de otro modo, de acercarse tanto a él como para despejar muchas de las incógnitas que lo rodean. La misión fue bautizada entonces como Solar Probe Plus. Ayer mismo, sin embargo, la agencia espacial norteamericana anunció un inesperado cambio de nombre. A partir de ahora y para siempre, la misión pasará a llamarse Parker Solar Probe (Sonda Solar Parker), en honor del ya veterano astrofísico que en 1958 revolucionó nuestros conocimientos sobre la heliosfera y el viento solar con un artículo titulado «Dinámica del gas interplanetario y campos magnéticos». Aquél mismo año, el llamado «comité Simpson» de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos lanzaba la idea de una sonda capaz de llegar hasta el Sol. Algo que la NASA está ahora a punto de convertir en realidad. El cambio de nombre se dio a conocer ayer desde la Universidad de Chicago, en un acto al que asistió un nonagenario pero aún brillante Eugene Parker. Es la primera vez que la agencia espacial da a una nave espacial el nombre de una persona aún viva. «La sonda solar -dijo el propio Parker- viajará a una región del espacio que nunca se ha explorado antes. Resulta muy emocionante que podamos finalmente echar un vistazo allí. A uno le gustaría tener algunas mediciones más detalladas de lo que está sucediendo en el viento solar. Y estoy seguro de que habrá algunas sorpresas. Siempre las hay». En busca de respuestas La Parker Solar Probe será lanzada entre el 31 de Julio y el 19 de Agosto de 2018 y, en palabras de Nicola Fox, científica de la misión, «responderá a preguntas sobre la física solar con las que llevamos enfrentándonos más de seis décadas». La sonda, diseñada y construida en el Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins, llevará a cabo 24 «pasadas» sobre el Sol a lo largo de una misión de siete años, que se contarán a partir de su llegada a destino, a principios de Noviembre de 2018. La Parker Solar Probe, además, se moverá a 724.000 km/h. y se convertirá, por lo tanto, en la nave más veloz construida hasta ahora por el hombre. Las 24 aproximaciones llevarán a la Solar Probe Plus a algo menos de seis millones de km. del Sol, o lo que es lo mismo, más de siete veces más cerca (37,6 millones de km. menos) que la sonda Helios, la que más se había acercado al Sol hasta ahora. A esa distancia, suficiente para destruir cualquier otra sonda, la nueva nave de la NASA tendrá que soportar y trabajar a una temperatura cercana a los 1.500 grados centígrados, y el disco solar parecerá 23 veces más grande de como lo vemos desde la Tierra. De esta forma, la primera nave que tocará el Sol podrá recoger, sobre el terreno, valiosos datos sobre los mecanismos que calientan la corona y aceleran el viento solar, el flujo constante de partículas emitidas por nuestra estrella. Ni que decir tiene que el buen funcionamiento de los sistemas de la Parker Solar Probe depende, en gran medida, de su escudo térmico frontal, de 11,43 cm. de grosor, construido con fibra de carbono y capaz de soportar tanto la infernal temperatura como el intenso bombardeo de radiación al que se verá sometido. A menos de tres metros tras el escudo, el resto de la nave permanecerá a temperatura ambiente. Durante muchos años, los astrónomos han estudiado el Sol desde la distancia. Esta será la primera vez que puedan hacerlo, literalmente, desde dentro de su ardiente atmósfera. Eugene Parker en el año 2007- WIKIPEDIA Parker, el visionario del Sol Nacido el 10 de Junio de 1927 en Míchigan, Eugene Parker se licenció en Física en la Universidad estatal de Michigan y obtuvo un doctorado en el Caltech. Más tarde pasó a enseñar en la Universidad de Utah, y desde 1955 Parker ha venido ocupando distintos cargos en la Universidad de Chicago y en su prestigioso Instituto Fermi. Durante la pasada década de los 50, el astrofísico Eugene Parker propuso una serie de ideas revolucionarias para explicar cómo las estrellas (entre ellas nuestro Sol), emiten su energía. Él fue quien bautizó esta auténtica cascada energética como «viento solar», y describió un completo y complejo sistema de plasmas, campos magnéticos y partículas energéticas en la base misma de ese fenómeno. Parker también elaboró una teoría que pudiera explicar por qué, en contra de lo que dice la Física, la atmósfera solar (la corona) puede estar mucho más caliente que la superficie de la estrella. Desde aquél momento, numerosos telescopios y misiones espaciales han tratado de explicar esos fenómenos, dando lugar a una nueva rama de la ciencia, la Heliofísica. Durante su carrera, ha recibido numerosos reconocimientos a su trabajo, incluyendo el Premio George Ellery Hale, la Medalla Nacional de Ciencias, la Medalla de Bruce, la Medalla de Oro de la Royal Astronomical Society, el Premio Kyoto y el Premio James Clerk Maxwell.

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