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Las «balas» aullantes, el arma secreta con la que las legiones romanas aterrorizaron a sus enemigos

Se cree que hace unos 1.900 años un ejército de 5.000 romanos asaltó una fortaleza de nativos situada en «Burnswark Hill», al suroeste de Escocia, y tan solo unos pocos kilómetros al norte del muro de Adriano. Entre 1.000 a 2.000 defensores trataron de resistir. Pero, tal como averiguaron arqueólogos de la Sociedad histórica escocesa, que investigaron la zona, aquella no fue una batalla convencional. Los romanos acumularon una gran cantidad de armas de asedio y un importante arsenal de munición para hondas, cuya finalidad, a parte de provocar enormes bajas entre los enemigos, era aterrorizarlos y avisar a las otras tribus de la futilidad de su defensa. «Burnswark Hill», posición donde se alzó un fuerte asaltado por romanos- THE BURNSWARK PROJECT El yacimiento, situado en la región de Dumfries, se convirtió hace cinco años en la mayor representación de «balas» para hondas de Roma nunca descubierta. En total, una investigación dirigida por John Reid y Andrew Nicholson hallaron 2.700 proyectiles para honda. «Es un fuerte muy pequeño que fue atacado por un ejército considerable que usó un enorme volumen de proyectiles», ha dicho Reid en National Geographic, «La violencia ejemplar no es nueva, y los romanos no fueron los únicos en usar esta técnica, pero ellos alcanzaron un nivel magistral». Los investigadores analizaron la composición de las balas, a través del análisis de radioisótopos, para datar el momento del ataque. El estudio de la forma y el peso de los proyectiles indicó que estos eran similares a otros encontrados en Escocia, pero distintos a los hallados en cualquier otro lugar de las antiguas posesiones de Roma. Como balas del calibre 44 Magnum Después de calibrar los detectores de metal para encontrar los proyectiles, los investigadores encontraron en el yacimiento de «Burnswark Hill» un total de 2.700 proyectiles, de los que han desenterrado alrededor de 400, y un par de proyectiles para balista. Los primeros pesan entre 30 y 50 gramos, tienen forma de limón o bellota (esta última era un símbolo de buena suerte). Aparte de esto, prepararon réplicas de los proyectiles y se las entregaron a un hondero experto. Gracias a esto comprobaron que en las manos adecuadas el poder de parada de las bolas era similar al de un proyectil de un revólver del calibre .44 Magnum (de aproximadamente 10.9 milímetros de diámetro). Acumulación de municiones en «Burnswark Hill»- THE BURNSWARK PROJECT Además observaron que los proyectiles eran capaces de volar a velocidades de 160 kilómetros por hora y acertar a objetos menores a un hombre a una distancia de casi 120 metros. «Las piedras más grandes para hondas son muy poderosas, literalmente podrían volarte la parte de arriba de la cabeza», dijo John Reid en National Geographic. Proyectiles aullantes Aparte de eso, en el yacimiento de «Burnswark Hill» los investigadores hallaron unos proyectiles que no se han encontrado en otras zonas bajo dominio romano, aparte de las situadas bajo territorio británico: se trata de proyectiles agujereados por un orificio de unos cinco milímetros. Después de ser lanzadas por el hondero de pruebas, los investigadores comprobaron que eran mucho menos efectivas que las macizas, pero que al volar emiten un «extraño aullido» a medida que el aire se adentra en el agujero. Tal como ha dicho Andrew Nicholson en National Geographic, su propósito era aterrorizar y distraer a los enemigos. «Imagínate que estás oyendo ruidos casi sobrenaturales que nunca antes has oído, y que hay gente cayendo a tu alrededor», dijo Nicholson, para narrar lo que ocurriría cuando los romanos lanzaban una lluvia de proyectiles sobre el enemigo. Los temidos honderos Las hondas estaban formadas por dos largas cuerdas, que se sujetaban con la mano lanzadora, y que estaban unidas a un pequeño bolso que albergaba la munición. El diseño permitía lanzar varios proyectiles a la vez, lo que era muy útil en c ombate a corta distancia. Los historiadores consideran que los proyectiles de «Burnswark Hill» fueron usados por tropas auxiliares («auxilia»). Probablemente los honderos más temidos fueron los baleares, que lucharon con Julio César en la invasión fallida de Britania, entre el 55 y el 54 antes de Cristo. «Esos tipos eran honderos expertos; habían estado haciendo eso toda su vida», dijo Reid. Largo y sangriento asedio La localización y el número de proyectiles muestran, según los investigadores, que el asedio fue largo y violento. Según la datación, la batalla ocurrió en torno al 140 después de Cristo, momento en que Roma estaba bajo el mandato del emperador Antonino Pío, el sucesor de Adriano. «Era un nuevo emperador y necesitaba una victoria miltiar en alguna parte», propuso Reid. Quizás, sugirió, Pío decidió mostrar su capacidad con un acto de extraordinaria violencia para conquistar y aterrar a las tribus del norte. A pesar e la superioridad tecnológica de los romanos, se cree que las tribus aprovecharon mejor el terreno, y que la batalla se alargó más de lo previsto por los romanos. En consecuencia, el final de la batalla de «Burnswark Hill» no fue nada amistoso: «Estamos bastante seguros de que los nativos de lo alto del monte no sobrevivieron», dijo Reid. A pesar de la victoria en esta fortaleza, se considera que la guerra se extendió durante dos décadas al norte del muro de Adriano. Finalmente, la resistencia de las tribus, lo inhóspito del terreno y los problemas de suministro, obligaron a los romanos a claudicar y a marchar de vuelta a su muro. Según los arqueólogos de «Burnswark Hill», esta guerra fue una especie de Afganistán romano.

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