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13 junio 2017

Diseñan una terapia para curar el hígado graso

La esteatosis hepática no alcohólica, comúnmente conocida como ‘hígado graso’, se corresponde con la enfermedad hepática más frecuente el todo el mundo. No en vano, afecta a un 30% de la población general y a hasta un 70-90% de las personas con obesidad o diabetes tipo 2. Un aspecto a tener muy en cuenta dado que este hígado graso no solo aumenta el riesgo de padecer aterosclerosis, sino que puede derivar en una cirrosis hepático e, incluso, en un cáncer de hígado. Más aún cuando se atiende a que aún no hay ningún fármaco disponible capaz de frenar su progresión. De ahí la importancia de un estudio dirigido por investigadores del Instituto para el Envejecimiento de la Universidad de Newcastle (Reino Unido), en el que se describe, por fin, la manera de revertir este hígado graso. O así sucede, cuando menos, en modelos animales –ratones. Como explica Diana Jurk, directora de esta investigación publicada en la revista «Nature Communications», «esta es la primera vez que contamos con una terapia efectiva para la esteatosis hepática no alcohólica. Nuestros resultados muestran que mediante este nuevo método para matar las células senescentes hemos sido capaces de lograr un significativo impacto sobre esta enfermedad tan común que supone una amenaza para la vida». Acumular, que no quemar La esteatosis hepática no alcohólica se caracteriza por la acumulación de vesículas de grasa en las células del hígado –de ahí que sea popularmente conocida como ‘hígado graso’–. Sin embargo, esta acumulación de grasa no tiene lugar en todas las células hepáticas, sino únicamente en aquellas ‘más viejas’ o senescentes, es decir, que han perdido su capacidad para dividirse. Pero, ¿por qué las células más longevas se dedican a almacenar grasa y, por ende, poner en riesgo todo el organismo? Pues la verdad es que no lo hacen de forma voluntaria. Y es que como muestra el nuevo estudio, estas células tienen dañadas sus mitocondrias, por lo que no son capaces de utilizar esta grasa como fuente de combustible. Y la grasa, dado que no es consumida, simplemente se acumula. Entonces, la eliminación de estas células senescentes, que no de las jóvenes y sanas, ¿podría revertir, por fin, el hígado graso? Pues para responder a esta pregunta, los autores emplearon un modelo animal –ratones– al que primero cebaron con una dieta rica en grasas y luego administraron independientemente dos tratamientos específicos para eliminar –o ‘matar’– las células senescentes del hígado. Esta es la primera vez que contamos con una terapia efectiva para la esteatosis hepática no alcohólicaDiana Jurk Concretamente, los autores utilizaron dos fármacos denominados ‘desatinib’ y ‘quercetina’, cuya combinación ya se sabe que provoca la muerte de células senescentes. Y asimismo, modificaron genéticamente a otros animales para inducir que sus células longevas activaran sus programas de muerte celular programada –o ‘apoptosis’. Los resultados mostraron que, ya se empleara la terapia farmacológica, ya se recurriera a la manipulación genética, los animales experimentaron una reducción en la acumulación de grasa en sus células hepáticas, lo que conllevó que la función de sus hígados volviera a ser normal. Como indica Mikolaj Ogrodnik, co-autor del estudio, «en nuestro trabajo hemos sido testigos de un momento muy interesante en la investigación del envejecimiento. Los científicos llevan ya tiempo dándose cuenta de que las células senescentes son la causa de muchas enfermedades, y ahora ya contamos con la manera de combatirlas». Futuros tratamientos En definitiva, parece que el hígado graso es consecuencia de la incapacidad de las mitocondrias de algunas células hepáticas de ‘quemar’ la grasa. Y asimismo, que esta incapacidad es mera consecuencia del envejecimiento celular. Así, y una vez identificado el mecanismo, tan solo hay que encontrar cómo contrarrestarlo. Y según el nuevo estudio, ya se sabe cómo hacerlo. Como apunta Diana Jurk, «según envejecemos, acumulamos daños en nuestras células. Y lo que hemos visto es que estas células más viejas están acumulando un exceso de grasa debido a que sus mitocondrias son ineficientes. Pero lo que es realmente interesante es que hemos sido capaces de revertir este daño en ratones al eliminar estas células viejas y gastadas, lo que abre la puerta al desarrollo de una cura potencial para el hígado graso». Así, el siguiente paso será evaluar cómo traducir el nuevo descubrimiento en tratamientos eficaces y seguros para los humanos. Como concluye la directora de la investigación, «si bien nuestra estrategia ha funcionado en ratones de laboratorio, esperamos que en un futuro próximo seamos capaces de evaluar estas intervenciones en humanos y, así, tener un impacto positivo en la vida de muchas personas».

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