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El sistema inmune puede reconstruir los nervios dañados sin tener que recurrir a la cirugía

Los macrófagos son las células especializadas del sistema inmune encargadas de la fagocitosis de los ‘cuerpos extraños’. Tal es así que estos macrófagos constituyen la primera línea de defensa del organismo al engullir, cual ‘come-cocos’, todo aquellos que parezca peligroso, ya sea una bacteria o una célula moribunda. Sin embargo, parece que el papel de estas células inmunitarias no acaba aquí. Y es que según se ha descubierto recientemente, hay macrófagos que también participan en la curación de los daños en los tejidos. De hecho, como muestra un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Duke en Durham (EE.UU.), estas células inmunes son capaces por sí solas de promover la reconstrucción de los nervios dañados –o, incluso, totalmente destruidos– con una eficacia similar a los trasplantes de nervios que se emplean en la actualidad. Como explica Ravi Bellamkonda, director de esta investigación publicada en la revista «Proceedings of the National Academy of Sciences», «la creencia tradicional dicta que la mejor manera para regenerar los nervios gravemente dañados es proporcionar todo tipo de proteínas de la matriz y factores de crecimiento para inducir la reparación. Sin embargo, nosotros hemos cambiado radicalmente este punto de vista al encontrar un nuevo actor que hasta ahora permanecía fuera de escena. Creemos que nuestro enfoque tendrá un gran impacto en la medicina regenerativa, incluso más allá de esta aplicación específica». La Naturaleza tiene las respuestas El sistema nervioso periférico está conformado por nervios que parten de la médula espinal y se introducen en todos los tejidos y órganos del cuerpo. Un sistema que conecta y controla los movimientos, el sistema digestivo, el corazón, los pulmones y otros muchos órganos. Y para ello, cuenta con algunas neuronas muy largas, algunas con una longitud superior a un metro. El problema es que una vez se produce un daño en estas neuronas, el organismo cuenta con muy pocas opciones para repararla. El tratamiento actual de estas lesiones viene constituido por el trasplante de ‘autoinjertos’, es decir, de tejidos –en este caso, un nervio– tomado de otra parte del cuerpo del propio paciente. Un procedimiento que, además de complejo, no está exento de complicaciones. No todas las neuronas son iguales –por ejemplo, no es lo mismo una neurona sensorial que una motora, aunque a veces se trasplanten unas en la posición de las otras– y, además, existe el riesgo de que el trasplante induzca la aparición de un tumor en el nervio, con lo que el paciente, además de padecer un gran dolor, puede perder el nervio ‘reparado’ y los adyacentes. Nuestro trabajo abre la puerta al empleo de métodos similares en escenarios mucho más difíciles y complejas del cerebro y la médula espinalNassir Mokarram Pero, ¿no hay ninguna alternativa al trasplante? Pues sí. Los investigadores llevan tiempo intentando tender ‘puentes nerviosos’ para volver a ‘empalmar’ los nervios dañados. Y para ello, se introduce un microtubo lleno de factores de crecimiento y otros ‘agentes’ que induzcan la regeneración de la zona dañada. El problema es que, cuando menos hasta ahora, no funciona demasiado bien. De hecho, aún no se ha logrado alcanzar la eficacia de los ‘autotrasplantes’ de nervios con este procedimiento. Entonces, ¿qué se puede hacer? Pues mirar en la Naturaleza. Fijarse en aquellos animales con una gran capacidad de regeneración. Por ejemplo, en la salamandra, capaz de regenerar su cola perdida. Y eso es lo que han hecho los autores. Como indica Nassir Mokarram, co-autor de la investigación, «nos topamos con un estudio en el que se mostraba que la presencia temprana de macrófagos era vital para la capacidad de la salamandra de regenerar su cola. También sabíamos que en algunas raras ocasiones, la regeneración de los nervios venía acompañada de una oleada de estas células inmunes justo después de que se produjera la lesión. Por tanto, estas dos observaciones nos inspiraron para ver si podíamos aplicar esta idea a los puentes nerviosos». Mejorar los puentes En 2012, los autores ya intentaron llevar a cabo la regeneración de nervios en modelos animales –ratas– con el uso de macrófagos a los que forzaron a transformarse en la variedad ‘pro-sanadora’ de estas células. Un experimento que no tuvo demasiado éxito. Por ello, el enfoque en el nuevo estudio ha sido llenar los microtubos de los puentes nerviosos con unas señales biológicas capaces de atraer a unas células que, si bien jóvenes y aún indiferencias, están destinadas a convertirse en macrófagos pro-sanadores. Como refiere Nassir Mokarram, «en lugar de reciclar el equipo de demolición y limpieza, lo que hemos hecho ha sido contratar a una nueva fuerza de trabajo con futuro en la construcción. Y los resultados han sido significativamente mejores. Esto es lo más cerca que nadie ha estado de equiparar la eficacia de los autoinjertos, y lo hemos hecho solo con un microtubo y el reclutamiento del sistema inmune del propio organismo». En definitiva, concluyen los autores, «hemos sido los primeros en demostrar que este enfoque inmunológico curativo funciona con los nervios de roedores. Creemos que este trabajo abrirá la puerta al empleo de métodos similares en escenarios mucho más difíciles y complejas del cerebro y la médula espinal».

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