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Más de dos tercios de España, en riesgo de desertificación

Más de dos terceras partes de España se encuentran en riesgo de desertificación (un proceso de degradación ecológica en el que el suelo fértil deja de ser productivo), según afirma el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Un dato que conviene recordar este 17 de junio, Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. Medio Ambiente, que se basa en la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, precisa en su web que las zonas susceptibles de sufrir este proceso son las áreas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, es decir, las zonas en las que la proporción entre la precipitación anual y la evapotranspiración potencial está comprendida entre 0,05 y 0,65. La evapotranspiración potencial es la cantidad de agua devuelta a la atmósfera en estado de vapor por un suelo que tenga la superficie completamente cubierta de vegetación y en el supuesto de no existir limitación en el suministro de agua (por lluvia o riego), para obtener un crecimiento vegetal óptimo. Además, expresa la demanda de agua por la atmósfera y las plantas en un lugar determinado. «De acuerdo a esta definición, amplias zonas de nuestra geografía se encuentran potencialmente afectadas por el proceso. De hecho, más de dos terceras partes del territorio español pertenecen a las categorías de áreas áridas, semiáridas y subhúmedas secas en situación de riesgo», precisa Medio Ambiente. El departamento dirigido por Isabel García Tejerina asegura que la combinación de factores y procesos como la aridez, la sequía, la erosión, los incendios forestales, la sobreexplotación de acuíferos, etc., da origen a los distintos paisajes o escenarios típicos de la desertificación en España. Preocupante A este respecto, Greenpeace subrayó que España es el país más árido de Europa y afronta un «preocupante» proceso de desertificación que afecta a un tercio del territorio, por lo que deben tomarse medidas urgentes para evitar que el cambio climático (por más temperaturas, menos precipitaciones, mayor riesgo de incendios forestales, etc.) acelere la pérdida irreparable del suelo. «Celebrar esta fecha con 40 grados en muchas ciudades de España debe servirnos para reflexionar sobre el impacto que nuestras decisiones tienen sobre el medio ambiente», apuntó Greenpeace, antes de añadir: «No se puede decir más claro. Con el calor de estos días y la ausencia de precipitaciones, el riesgo de grandes incendios supone una seria amenaza para los ecosistemas y, sobre todo, el recurso suelo». Greenpeace reclamó «medidas urgentes» para evitar la desertificación , como luchar contra el cambio climático «reduciendo drásticamente las emisiones de CO2, descarbonizando la economía, eliminando el impuesto al sol y promoviendo el desarrollo de un modelo energético basado 100% en energías renovables». Por su parte, Ecologistas en Acción denunció «la ausencia de medidas eficaces y adecuadas para frenar la preocupante el avance de la desertificación y gestionar adecuadamente las sequías en España». «Uno de los principales factores que desencadenan esta situación es la elevada explotación que existe sobre los recursos hídricos y la reducción de los mismos a causa del cambio climático. Ambos elementos están conduciendo a una situación de colapso hídrico en una buena parte del territorio español y al avance de la desertificación. El cambio climático ya está reduciendo considerablemente la disponibilidad de agua en los ríos y acuíferos», explicó. Por otro lado, Naciones Unidas señala que la desertificación es la degradación de la tierra en las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, lo cual está causada fundamentalmente por la actividad humana y las variaciones climáticas. Este proceso no hace referencia al avance de los desiertos existentes, sino que la desertificación se debe a la vulnerabilidad de los ecosistemas de zonas secas, que cubren un tercio de la superficie del planeta, a sobrexplotación y el uso inadecuado de la tierra. La ONU apunta que unos 250 millones de personas sufren directamente los efectos de la desertificación, mientras que unos 1.000 millones se encuentran en zonas de riesgo repartidas en más de 100 países. Entre ellos se encuentran las personas más pobres, marginadas y sin representación política.

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